Cuando se diseña y evalúa la eficacia de un programa de comunicación de riesgo, los siguientes principios podrían ser beneficiosos.
La comunicación debe ser clara, fácil de entender, informativa, precisa y concreta.
El origen de la comunicación debe ser percibido como creíble y fidedigna.
Cuando la audiencia de interés no es homogénea, el mensaje debe ser presentado en diferentes formas, cada una específicamente diseñada para un segmento de la audiencia de interés.
Cada vez que sea posible, la audiencia de interés o representantes de ésta deben ser integrados en la planificación y en la implementación del programa. Mientras más temprano sea la integración, mejor. Este consejo se refiere particularmente a los riesgos ocupacionales, donde la participación de las uniones es considerada esencial.
Se considera más eficaz una presentación con múltiples modelos que una con un solo modelo. Esto aplica a programas de comunicación en masa y a programas diseñados para audiencias más pequeñas. Para éstas últimas, también se recomienda una comunicación frente a frente, de dos vías de comunicación.
La reacción al cambio de comportamiento y de sus consecuencias en bajar los riesgos es altamente eficaz y debe ser usada lo más posible.
Se cree que los incentivos o premios son eficaces en inducir cambios.
Las repeticiones de un mensaje son deseables hasta cierto punto, demasiadas repeticiones no son eficaces y podrían ser hasta perjudiciales. El número óptimo de repeticiones es desconocido.
El mensaje debe ser interesante, se ha demostrado que la intensidad ayuda al aprendizaje. Pero, ¿Cuán estimulante debe ser el material? Los resultados de las investigaciones están divididos con relación a la eficacia de la estimulación a través del miedo.